Mi oferta como coach

“Ayudar es asunto de poder. 
Reparar es asunto de maestría y habilidad.
Servir es asunto de entrega, misterio y asombro.
El que repara o arregla tiene la ilusión de ser causa.
El que sirve sabe que está siendo usado
al servicio de algo más grande,
y fundamentalmente desconocido.
Nosotros reparamos algo específico.
Sin embargo, siempre servimos a lo mismo,
al todo y al misterio de la vida.
Arreglar y ayudar son el trabajo del ego.
Servir es el trabajo del alma.
Cuando ayudamos vemos la vida como débil.
Cuando reparamos la vemos rota.
Cuando servimos la vemos como un todo.
Reparar y ayudar pueden curar. Servir sana.
Cuando ayudo experimento satisfacción.
Cuando sirvo experimento gratitud.
Reparar es una manera de juzgar.
Servir es una manera de conectarse.”

Anónimo, citado por Julio Olalla.

 Elegí comenzar con este bellísimo texto porque define lo que quiero hacer como coach. 
Servir. Ni ayudar, ni reparar. 
Servir.

-¿Cuál es tu “especialidad”, a qué te dedicás? -me preguntó hace poco una amiga.

-Lo que más me gusta, lo mío, es el coaching de vida -le respondí.

-Ahhhh… ¿y eso qué es? ¿Le enseñás a la gente a vivir mejor?

-No exactamente… -le dije, y empecé a explicarle la diferencia-. En primer lugar, los coaches no enseñamos ni damos consejos. Como coach de vida, puedo acompañarte en tu aprendizaje vivencial para que logres objetivos y disfrutes más tus vínculos, tu trabajo, tus logros… y todo lo que tenés hoy, acá, ahora, y no estás disfrutando. Por ejemplo:

¿Necesitás tomar una decisión y no te animás?
¿Estás atravesando una crisis personal, familiar, laboral? Divorcio. Enfermedad propia o ajena. Problemas con los hijos. Diferencias con los hermanos. Relación con los padres ancianos. Crisis de la edad madura. Jubilación. Demandas familiares (cuidado de nietos, enfermos, préstamos de dinero, etc.).
¿Te cuesta relacionarte con alguien (pareja, hijos, compañeros de trabajo, jefe, vecinos)?
¿Necesitás hacer cambios en tu vida, y no sabés cómo encararlos?
¿Querés cambiar o eliminar hábitos “negativos”?
¿Te cuesta gestionar tus emociones? ¿El enojo, la frustración, la ira, te sacan de las casillas? ¿El miedo te anula, te paraliza?
¿Te cuesta aceptar que los demás no piensen como vos?
¿Te sentís una víctima de las circunstancias? ¿Sentís que los demás no te comprenden y no te valoran?
¿Te cuesta disfrutar, vivís pendiente del trabajo y las obligaciones?
¿Sentís que el tiempo nunca te alcanza para todo lo que querés hacer?

Estas son algunas de las “realidades no deseadas” en las que te puedo acompañar desde el coaching, para que encuentres la mejor manera de convertirte en PROTAGONISTA de tu vida.

-¿Y cómo lo hacés, cómo me podés acompañar?

-Con la palabra, con preguntas que te faciliten observarte desde distintas perspectivas y descubrir cómo pensás, qué cosas no estás viendo, qué recursos tenés, qué te falta y qué acciones podrías realizar para conseguir lo que querés o necesitás lograr. Y con planes de acción diseñados por vos, a tu medida.

-Suena interesante. ¿Es como ir al psicólogo?

-¡No, nada que ver! El coaching no trabaja con patologías. Si estás deprimido, tenés ataques de pánico, o fobias, tenés que ir al psicólogo. En el coaching trabajamos con los objetivos, el aprendizaje, los desafíos, la mejor manera de llegar desde donde estás hoy hasta donde querés estar mañana. Trabajamos con el presente, mirando hacia el futuro. No buscamos excusas; buscamos soluciones. Por ejemplo: para algunas personas, una infancia infeliz es la excusa perfecta para no hacerse responsables de sus vidas y culpar a los demás de lo que les pasa hoy, ahora. En la sesión de coaching nos enfocamos en el presente, en lo que vas a hacer con lo que te pasó, con lo que te pasa. ¿Te vas a quedar sin hacer nada y culpando a los demás, o te vas a hacer cargo de tu vida?

-Perfecto, ya entendí la diferencia. ¿Y cómo trabajás, cuánto tiempo duran las sesiones? 

-El coaching es un proceso de aprendizaje. Las sesiones individuales duran, más o menos, entre treinta minutos y una hora. Las grupales, un poco más. Podemos hacer una sesión semanal, o cómo decida el “coacheé”, el cliente. No tenemos “pacientes”, porque no hacemos terapia. Tenemos clientes, que nos contratan para hacer un proceso de coaching.

-¿Y cuánto dura ese proceso, meses, años?

-Para nada. Podríamos hablar de un mínimo de cuatro a seis sesiones para ver resultados, y ver si la persona sostiene esos resultados. Como trabajamos a partir del compromiso del coacheé, si no hay compromiso no habrá resultados. Y si no hay resultados, no podemos seguir adelante. Una vez que el coacheé consiguió lo que vino a buscar, el proceso está terminado. Si quiere trabajar otros temas, seguimos. Pero a esto lo decide el coacheé, no lo decido yo. No le doy “el alta”, porque él no está enfermo y yo no psicólogo ni psiquiatra. El proceso termina cuando lo decide el coacheé, siempre.

-¿Y se pueden hacer sesiones grupales?

-Sí. Podés hacer sesiones de pareja, de familia, de compañeros de trabajo… Pero tienen que estar todos de acuerdo y comprometerse a trabajar juntos. Eligen un tema que los involucre a todos, y trabajamos ese tema. Es muy enriquecedor, porque se comparte un espacio en el que cada uno escucha a los demás y es escuchado por los demás, con el acompañamiento del coach. Y se pueden lograr cosas hermosas: comprenderse mutuamente, mejorar la comunicación, integrarse como “equipo” y crecer juntos…

-¡Me encanta, suena muy interesante! ¿Y qué más podés hacer?

-Además de las sesiones, puedo coordinar talleres o entrenamientos grupales. El trabajo grupal es magnífico porque la energía se potencia. Al coaching hay que vivirlo, el aprendizaje es vivencial, no sirve de nada que me escuches durante horas si lo que te estoy diciendo no te pasa por el cuerpo, las emociones. Eso es lo que hacemos en los talleres: trabajar con la palabra, el cuerpo y las emociones. Jugamos, exploramos nuestros límites, nuestras posibilidades. Es muy movilizador… ¡y divertido! Y el aprendizaje es más rápido, y más sencillo.

A mi amiga le sirvió mi explicación de lo que hago, y cómo la podía acompañar desde el coaching.
¿Y a vos, qué te pareció?
¿Te quedó alguna duda? Podés leer más sobre qué es el coaching.

En síntesis:

  • Puedo acompañarte con sesiones individuales o grupales. 
  • Duración de las sesiones individuales: treinta minutos a una hora (aprox.) Duración de las sesiones grupales (familia, pareja): Una hora y media a tres (aprox.)
    • Las sesiones pueden ser presenciales o virtuales (Skype) 
    • Forma de pago: dinero efvo. (sesiones presenciales) – Paypal, MercadoPago (sesiones virtuales)
    • La primera sesión, que es para conocernos y ver si nos sentimos cómodos trabajando juntos, es GRATUITA.
  • Duración de un proceso de coaching: entre cuatro y ocho sesiones (aprox.)
  •  Talleres o entrenamientos grupales: pueden ser de jornada única, o varias clases.  Si querés hacer un entrenamiento grupal en una institución (escuela, organización, empresa) lo conversamos. Vos me decís el tema que quieren trabajar (relación con uno mismo,  con los hijos, con los padres, autoestima, motivación, comunicación, trabajo en equipo, etc.) y yo armo el taller, ¡así de sencillo!
  • En cualquiera de los casos, para darle más seriedad firmaremos un acuerdo de compromiso y periodicidad. 
Si te interesa alguna de mis propuestas, escribime a graciela@grafernandez.com y te doy más detalles.

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