Qué es el coaching

¿Por qué, para qué el coaching ontológico?

Si queremos conseguir resultados distintos, tenemos que hacer las cosas de otra manera. Y sobre todo, aprender a observar la realidad desde otros ángulos para tener una visión más amplia.  De eso se trata el coaching ontológico: de mirar con ojos nuevos, y a partir de ahí, buscar y encontrar soluciones nuevas, creativas, superadoras.

Durante muchos siglos, el pensamiento fue considerado el sello distintivo de la condición humana. ¿Quien no escuchó, leyó o repitió la famosa frase de Descartes: Pienso, luego existo? Pero no somos cerebros aislados que piensan. Tenemos un cuerpo que se comunica con el mundo a través de sus cinco sentidos, tenemos emociones, y tenemos algo que nos diferencia de los demás animales porque nos permite pensar: el lenguaje. Cuerpo, emociones y lenguaje son los tres dominios que nos constituyen como seres humanos, y están íntimamente relacionados entre sí. Lo que nos pasa en el cuerpo, afecta el lenguaje y las emociones. Las emociones influyen en el cuerpo y el lenguaje. Y mediante el lenguaje podemos influir en nuestras emociones y nuestro cuerpo. En el coaching trabajamos con los tres, cuerpo, lenguaje y emociones, para producir un aprendizaje vivencial profundo y transformador.

¿Cómo lo hacemos? Básicamente, con el lenguaje.

El coaching es una “disciplina conversacional”. Esto quiere decir que con un coach vas a conversar, o mejor dicho, que te va a escuchar y te va a hacer preguntas. Muchas, y algunas incómodas. Y de esas preguntas, sobre todo de las más incómodas, saldrán las respuestas que necesitás y que vas a descubrir adentro tuyo, en tu corazón y en tu cabeza.

Porque un buen coach no te da respuestas: te regala preguntas. En el coaching no hay consejos. Nadie mejor que vos sabe lo que es mejor para vos… aunque no lo estés viendo. El coach te desafía con sus preguntas para que lo puedas descubrir, y después te acompaña en el diseño de planes de acción hechos por vos mismo y a tu medida. Nada más que eso. Aconsejarte, decirte lo que tenés que hacer, sería una falta de respeto.

Respeto, escucha amorosa y comprometida, el lenguaje usado como generador para hacer que las cosas pasen, son algunas de las herramientas con que cuenta el coach para asistir a personas, organizaciones, empresas, y trabajar con ellos para que alcancen sus objetivos.

Sin un objetivo, sin algo que se quiera lograr, o aprender, o transformar, no hay coaching. En el coaching no hacemos catarsis, las sesiones no son un desahogo para que después todo siga igual.

Sin convencimiento y compromiso para entregarse al proceso, cambiar la mirada y tomar acción, no hay coaching. En el coaching no buscamos culpables o excusas para el fracaso, ni hurgamos en el pasado; en el coaching partimos del presente, de lo que tenemos acá y ahora, y nos movemos hacia el logro. Vamos del que estamos siendo, al que necesitamos o queremos ser.

Porque no somos: estamos siendo. Estamos en tránsito, en proceso, inacabados, y eso nos da la maravillosa posibilidad de crecer y aprender hasta el último momento de nuestras vidas.