Cuarententa: soltar el control y fluir

Cuando el 20 de marzo decretaron la cuarentena obligatoria por el coronavirus aquí en Argentina, mi costado controlador, que siempre está al acecho, se activó.

Quiero hacer una aclaración. No soy de los controladores que preguntan cada cinco minutos ¿dónde estás? ¿A qué hora volvés? Tampoco soy de los que manipulan a los demás con recursos tales como el llanto, los desmayos y los falsos infartos. Tampoco soy de los que se sienten indispensables y piensan que sin ellos la familia se muere de inanición porque son todos unos inútiles que no saben ni hacerse un huevo frito.

No. Mi necesidad de control ha pasado siempre por otro lado: querer que los que me rodean sean felices, no discutan, no sufran y disfruten las bendiciones de la vida. Digamos que soy una controladora inofensiva porque no le rompo las guindas a nadie… pero eso no quita que, de alguna manera, pretenda controlar lo que está fuera de mis posibilidades de control.

Aclarado esto, prosigo. Cuando mi costado controlador que se siente responsable de la felicidad ajena se activó, lo primero que me vino a la cabeza fue que con el encierro muchos se iban a volver locos, se iban a deprimir o se iban a pelear con los que convivían con ellos.  Porque el encierro, me dije, no es para cualquiera.  Los ermitaños como yo no tendrían problema, pero las personas acostumbradas a ir y venir, a salir con amigos, a estar poco en casa, se iban a sentir enjauladas.

¿Qué podía hacer yo para evitar que a los demás les pase eso? Lo primero que se me ocurrió fue buscar recursos útiles para entretenerse y sobrevivir entre cuatro paredes y compartirlos en las redes sociales.

Juegueconloschicosordeneplacareshagacursosonlinehagayogaencasacienideasparanoaburrirsemeditacionesparahacerenfamiliacómosuperarlaansiedadyelmiedocómohacerparaquelerindanlasprovisionescómocrearnuevasrutinaspositivas…etc. etc.etc.

Lo escribo así, todo junto, a propósito, para graficar de alguna manera mi desmadre febril durante la búsqueda y mi ebullición mental en ese momento.

Una ebullición mental que me terminó convenciendo de que yo también tenía que entrar en acción, ya mismo, y ponerme a ordenar el placard, hacer cursos on line, meditar, hacer yoga en casa, planificar el futuro, armar talleres para cuando se termine la cuarentena, terminar de escribir la novela que tengo empezada, pintar el living… Olvidando que para realizar todas esas tareas juntas necesitaría varios meses y la cuarentena, por ahora, duraría a lo sumo un mes.

Pero como los recursos que había buscado no eran solamente para mí, eran para regalárselos a los demás (un regalo que nadie me pidió, pero que yo consideraba que debía ofrecer), me lancé a compartirlos en las redes sociales.

Seguramente a muchísimas personas les pasó lo mismo que a mí, porque en un primer momento el aluvión de publicaciones con consejos para transitar la cuarentena fue tal que ni con diez reencarnaciones podríamos hacer todo eso.

Dos o tres días después, viendo que la ansiedad que intentaba contener me estaba ganando la pulseada me dije: Fernández, bajá un cambio, calmate, andá a regar las plantas y jugar con las perras, andá a tomar aire a la terraza o ponete a sacar yuyos y dejate de joder con los consejos. La gente no es estúpida, ya se la van a rebuscar para pasarla bien sin tu ayuda. Gestión emocional, eso tenés que hacer, ¡gestioná la ansiedad, carajo!

Sos coach. Dejá de aconsejar, los coaches no damos consejos. ¿Y si empezás a ver qué vas a hacer vos, en vez de decirle a los demás lo que tienen que hacer?

¿Qué vas a hacer vos, Fernández, para transitar la cuarentena?

Buena pregunta, me dije entrando en “modo coach”, y me respondí con más preguntas: ¿Es que TENGO que hacer algo especial? ¿Por qué TENGO que ponerme a hacer cursos on line para aprender de todo, por qué TENGO que ponerme  a planificar talleres, por qué TENGO que estar ocupada, por qué TENGO que cansarme más, madrugar más, trabajar más?

¿Por qué TENGO que exigirle a este cuerpito flaco de 60 años que se esfuerce, si lo que quiere hacer es descansar? ¿Por qué no me puedo levantar a las 10, si se me da la gana? ¿Por qué, simplemente, no puedo parar y ponerme a pensar, a observar lo que pasa afuera, en el mundo, y lo que sucede adentro mío con eso?

Y cuando paré y me puse a pensar, surgieron más preguntas.

¿Qué quiero hacer hoy, ahora? Observar, observar, observarme, observarnos. Estamos viviendo un fenómeno global, una situación nunca vista o vivida que nos atraviesa a miles de millones de personas de todo el mundo. ¿Por qué no observar, leer, interiorizarme sobre una realidad que podría ser el campo fértil para grandes transformaciones sociales, políticas y económicas? Observar desde la curiosidad, no desde el miedo y la paranoia.

¿Qué más quiero hacer? Poner un granito de arena para contenernos entre todos, porque yo también necesito ser contenida. Me hace bien decirlo, reconocerlo: yo también necesito ser contenida.

¿Qué quiero dar hoy, ahora, pero de verdad, desde adentro mío, sin obligación de que el otro lo tome? ¿En qué puedo ser servicio sin invadir, sin menospreciar la capacidad del otro para buscar su propia manera de entretenerse o de sobrellevar la situación?

Igual que a todos, la pandemia me desbarató los planes y la economía. Las actividades que tenía programadas (los talleres de escritura en casa, otros en Córdoba), tendrán que esperar el momento propicio.  

Tenía tantas ilusiones con los talleres, con compartir una vez más el momento mágico de la escritura en grupo… que decidí ofrecer un taller de escritura online gratuito, algo muy sencillo, fácil de hacer, que pudiera ser un pasatiempo pero también un espacio de reflexión y de conexión con los demás.

Hice los cartelitos para los post, armé el grupo en Facebook y lo publiqué. Y acá estamos. Hoy somos 36 conmigo, que también escribo con las consignas. No sé cuántos más se van a sumar. Ojalá sean muchos… pero suelto la expectativa y disfruto el momento presente.

Hoy más que nunca abrazo mi vulnerabilidad, mi incertidumbre, mi falta absoluta de certezas, que me hermanan con millones de otros distintos a mí, y ofrezco lo mejor que tengo para dar: el amor, la escucha, la compasión, lo que escribo. Lo que me constituye y me representa. Lo que le da sentido a mi vida.

Y observo, y me observo. No quiero pensar en el futuro. Quiero transitar esta cuarentena y todo lo que vendrá después día por día, prestándole atención a las enseñanzas que me traiga. Sé que me dejará unas cuantas lecciones, y ojalá cada uno aprenda lo que necesite aprender.

Y ojalá que ese aprendizaje nos transforme en alguien mejor, en alguien más sabio.