Acerca de

Graciela Fernández. Gra, para los que me conocen de toda la vida o desde hace un rato.

Mujer en construcción. Coach. Escritora. Dicho así, o en el orden que prefieras.

Nací el 26 de febrero de 1960 en Rosario (Santa Fe, Argentina). Piscis (signo de agua) con ascendente en Capricornio (signo de tierra). Agua y tierra. Una mezcla con la que se hacen paredes de adobe, tinajas de barro y personas que fluyen como ríos pero pueden ser tan sólidas como una montaña.

Cuando tenía 8 años mi familia se mudó a Córdoba capital, de ahí pasamos a Unquillo, el pueblo donde transcurrió mi infancia y mi adolescencia, y desde los 26 vivo en Río Ceballos, una pequeña ciudad de las Sierras Chicas de Córdoba.

Fui una nena tímida y estudiosa que jugaba poco y leía mucho. Fui una adolescente que tocaba el piano, leía mucho, escribía poesías desgarradoras,  usaba jeans
desflecados, escotes atrevidos y tacos altísimos, salía a bailar todos los sábados y se enamoraba siempre, siempre, del peor del curso, del rebelde sin causa.

Con los años, evolucioné hasta convertirme en una mujer feliz por convicción, agradecida y sin vueltas. Amo sin estridencias pero con lealtad a mi familia, mis amigos y lo que hago. Y sumo, siempre sumo: afectos, experiencias, enseñanzas, que multiplican la capacidad de mi corazón y de mi mente para dar y recibir cada vez más.

Quisiera alcanzar la sabiduría del que escucha sin juzgar, entrega sin medir lo que recibe a cambio y enseña sin mezquindad todo lo que sabe.

Estado civil: soltera y a gusto. A los 22 años tuve a mi única hija, a los 38 publiqué mi primer libro, Manual de instrucciones para recién separadas (humor y autoayuda) y a los 56 certifiqué como coach ontológico. Los tres hechos marcaron un antes y un después: la maternidad me completó como mujer y como persona, escribir un libro fue un desafío intelectual que disfruté muchísimo, y el coaching ontológico me cambió la vida.

¿Por qué me cambió la vida? Porque en el coaching encontré lo que había estado buscando desde que era chica: una mirada diferente y superadora sobre la realidad, el otro, uno mismo. No una verdad: una mirada, con todos los matices que eso implica. Mirada hacia adentro y hacia afuera, hacia el mundo. Mirada de ojos nuevos, que pueden ver en muchas direcciones al mismo tiempo.

Y desde esa mirada reafirmé o redescubrí las cualidades y capacidades que me hacen sentir plena, que tienen que ver con la forma en que elijo vivir y relacionarme con los demás y conmigo misma. La magia del coaching. Que no es ninguna magia: es compromiso, amor, aprendizaje, responsabilidad, es aprender a darle sentido a la vida, a lo que hacemos.

Soy una mujer en construcción. No tengo reglas fijas para construirme, voy experimentando materiales, estilos, texturas. Puedo cambiar de idea como si cambiara de ropa interior, no me caso con las ideas, las dejo evolucionar, llegar y partir. Vivo a mi manera, y asumo la responsabilidad de nadar contra la corriente cuando quiero o necesito hacerlo.

Soy escritora por amor a las palabras y lo que se puede conseguir con ellas: conmover, evocar, empatizar, movilizar, apasionar, empoderar, desafiar, construir nuevas realidades, trascender.

Soy coach para ser protagonista en la creación de un mundo mejor para todos.

 

 

                   

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