Yo soy, yo valgo, yo puedo

Ayer cumplí 59 años.

Venía desde hacía unos días, o un mes, medio machucada. Como esas frutas que en la verdulería vas dejando de lado cuando elegís las más lindas, las que están sanas, sin marcas. Así me venía sintiendo. Sin ningún motivo especial, ideas mías nomás. Me había atacado la inseguridad pisciana, esa que me tira para abajo cada tanto y me dice “no podés”, “no estás a la altura de las circunstancias”, “no lo vas a hacer bien”.

Hasta que recibí los primeros abrazos, los de mis amores que están más cerca, y empecé a leer los saludos en Wasap, en Facebook. Cuántas cosas lindas me dijeron… qué hermosos mensajes… y cuánto para agradecerle a los que me escribieron: por estar ahí, por lo que compartimos, por lo que vivimos juntos…

Cómo nos valida el amor. Cómo nos levanta y nos impulsa a ir por más, a morder la vida como si fuera un gigantesco alfajor de chocolate Riochoc, esos que hacen Elsa y Nori, mis amigashermanas. Morderla con placer, para saborearla, para dejarla que se disuelva en la boca y recién después, tragarla.

Porque con amor, la vida es otra cosa.

Y qué valioso es que te digan que te quieren… No para inflar el ego, sino para saber que el otro está, que te aprecia por lo que sos. Y que le sirve o le hace bien lo que le das.

Anoche, en el silencio de mi casa antes de irme a dormir, mientras leía los últimos mensajes pensaba: esa sos vos, eso es lo que das, ¿qué más necesitás para entenderlo? 

Hoy me levanté con la respuesta: creérmelo. Necesito eso; creérmelo en serio.

No para agrandarme, sino para multiplicar el amor a mi alrededor. Y para contrarrestar la inseguridad pisciana, para vivir una vida plena, para seguir dando lo mejor de mí, para no compararme con nadie, para dejarme crecer las alas sin miedo, para hacer las cosas a mi manera y para tener la sabiduría de elegir la mejor manera de hacerlas.

Yo soy. Y soy amor. Y vine al mundo a dar amor.

Yo valgo. Por lo que soy, nada más que por eso.

Yo puedo. Puedo porque soy, y porque valgo.

¡Bienvenidos los 59! Y a seguir sembrando y cosechando amor.