Gracias por ser mi mamá

Mamá. Mi mamá. La de ayer, la de hoy, la de siempre. Mi Gorda.

Mamá y los momentos inolvidables que nos hizo vivir. 
Como cuando se disfrazó de Papá Noel para navidad. Yo tenía 11 años, creo. Estaban pasando las vacaciones en casa mis primos Pirucho y Verónica. La Vero, que por ese entonces tenía 5, 6 años, era muy avispada, y le había dicho a mi hermana que Papá Noel eran los padres. Mamá, que la había escuchado, para conservar la inocencia infantil se pasó la tarde entera cosiendo a escondidas el disfraz. A la noche, minutos antes de las doce papá y los abuelos nos llevaron a la cocina y apagaron todas las luces. Ahí estábamos, cuando escuchamos movimiento en el living y una risa, “Jo, jo, jo!!!” Verónica y mi hermana, que eran las más chicas, fueron las primeras en asomarse hacia el living… y ahí estaba Papá Noel, con su bolsa al hombro. Como testimonio de ese momento mágico para las más chiquitas de la casa, quedó una foto que vaya a saber dónde fue a parar, en la que Verónica se chupaba el pulgar con los ojos desorbitados y mi hermana sonreía feliz. ¡Papá Noel existía!

Mamá y la alegría con que disfrutaba las cosas simples. Un domingo en el Río San Antonio, con la heladera portátil llena de comida. Aquellas vacaciones en Miramar, despeinada por el viento y revolcada por las olas. Comer lechón en Navidad y Año Nuevo. Sacar yuyos sentada durante horas en el jardín, cortar el pasto…  Tomar mate en la terraza con el Víctor, su perro salchicha…

Mamá y su tesón, sus agallas. Lo mucho que hizo con lo poco que tenía para empezar: apenas sus dos manos para trabajar, sus sueños y un marido tan pobre como ella.

Mamá y el amor y el respeto con que trataba a sus suegros: la Tata y el abuelo Diego. El bienestar que les regaló, y los buenos momentos que les hizo pasar.

Mamá dejándome ser madre a mi manera, cuando nació mi hija. A ese respeto por mi maternidad se lo voy a agradecer toda la vida. Apañó las travesuras de su nieta, la dejó jugar con barro, se dejó peinar y pintarrajear la cara… Bendito amor de abuela…

Mamá con sus virtudes y defectos, siendo la mejor madre que pudo ser y dando lo mejor que pudo dar. Primero sus hijas.

Gracias, mamá. Se lo digo muy seguido ahora. Se lo digo una y otra vez por todo lo que no se lo dije antes, cuando era orgullosa y obstinada. Y necia. Se lo digo con miedo de que sea tarde…

“Gracias por ser mi mamá”, le digo, y le beso las manos y la miro a los ojos. Y le gusta escucharlo, y sonríe, y me mira, y en sus ojos leo que está todo bien. Que me escucha y me entiende. Que para una madre, nunca es tarde.