Cambiar el mundo

¿Alguna vez soñaste con cambiar el mundo? Yo sí. Bueno… más bien soñé que el mundo cambiaba como por arte de magia. Que de golpe, un día se acababan el hambre, las guerras, las injusticias, la desigualdad, y a partir de ahí vivíamos todos felices y comiendo perdices.
Y hasta ahí llegaba el sueño.
Por ese entonces, no se me ocurrió plantearme que las pobres perdices se podían extinguir, con tanta gente feliz que comía perdices. Y que al extinguirse las perdices todo volvería a empezar: el hambre, las guerras, las injusticias, la desigualdad.
No se me ocurrió plantearme que si el bienestar del mundo dependía de que hubiera perdices para comer, estábamos fritos.
Hoy sí me lo planteo. Y entonces me pregunto si de verdad el mundo puede cambiar, porque sigo teniendo ganas de que cambie, ya no como un sueño sino como la necesidad de vivir en un mundo mejor.

¿Puedo cambiar el mundo, podés cambiar el mundo?

No, no podemos. Todo el globo terráqueo, de norte a sur y de este a oeste, no, no podemos cambiarlo. El mundo es muy grande y complejo.
¿Qué hacemos, entonces, con esta inquietud, con estas ganas de cambiar el mundo?

Supongamos que mi casa está venida abajo y la quiero pintar. Completa, por dentro y por fuera. Paredes, techos, puertas, ventanas, rejas, todo. Y lo quiero hacer yo sola, porque soy fan del “hazlo tú mismo”. Y quiero que esté lista dentro de un mes, para mi cumpleaños.
Así que agarro la cinta métrica, un cuaderno, una lapicera, y empiezo a hacer cálculos para ver cuánta pintura necesitaré, por donde me conviene empezar, cómo organizarme.
Mmmm… los techos son altos y no tengo escalera. La última vez que los pinté tenía 20 años menos que ahora, y quedé de cama por un mes. Voy a necesitar ayuda.
¡Las rejas están oxidadas! Primero las voy a tener que lijar, me va a llevar meses…
Las puertas y ventanas tienen la pintura vieja descascarada, les voy a tener que pasar removedor para dejar la madera virgen. ¡Y son muchas!
La tarea que tengo por delante me parece tan enorme, tan ardua, que me desmoralizo y me siento en un escalón de la entrada.
No voy a poder. Es mucho. ¡Y si quiero hacerlo perfecto, ni hablar!
La casa entera toda de una vez, es demasiado.
Miro el jardín, el pasto, las macetas… qué feítas están las macetas, también…
Y ahí se me abre el cielo. ¡Las macetas, voy a empezar por las macetas!
En una semana, las pinto a todas. Y a mi vecina de al lado le gusta tanto cómo quedaron, que también pinta sus macetas.
Súper motivada, empiezo a pintar las rejas. Desisto de hacer un trabajo perfecto, profesional. Tranquila, sin apurarme, de a pedacitos, las termino en tres meses. Al mes siguiente, varios vecinos de la cuadra mi imitan. Empezamos a hablar de nuestras rejas, de lo lindas que han quedado.
Mi entusiasmo crece, y ataco las puertas y ventanas. Decido que no las voy a dejar como nuevas con removedor: les voy a dar una rasqueteada con la espátula, un poco de lija, y listo. Que se note que es madera vieja, que queden estilo “vintage”. En dos meses, tengo todas las puertas y ventanas pintadas.
Pero faltan las paredes y los techos, y ahí se me queman los libros. Las paredes puede ser, con mucho esfuerzo y de a poquito. Pero definitivamente, mis cervicales no van a soportar el esfuerzo de pintar los techos. Y no tengo plata para pagar un pintor…
¿Y si le pido ayuda a mis amigos? ¿A mi hija? ¿A los amigos de mi hija, que son jóvenes y fuertes? ¿Por qué no?

Igual que con la pintura de la casa, hay muchas cosas que podemos hacer solos o juntándonos con otras personas, y que si bien no van a cambiar toooooodo el mundo, van a mejorar el lugar en que vivimos y los espacios en que nos relacionamos con los demás: la familia, el trabajo, la comunidad. Y esto no es poco, y puede significar un cambio favorable en nuestra calidad de vida y la de quienes nos rodean.
Crear belleza, entusiasmo y armonía a nuestro alrededor, puede hacer una gran diferencia.
Y no hay una sola forma de hacerlo, hay muchas.

Si hoy pasan por mi calle, todavía no verán las macetas ni las rejas pintadas porque en realidad empecé al revés: de adentro para afuera. Estoy pintando adentro, así que por ahora los cambios los vemos solamente yo y los que me rodean.
Es otra manera de hacer las cosas, y es válida también.
Crecer desde adentro, dando, entregando. Crecer para dar, para entregar.