El SEO y yo, una relación complicada

Con ustedes, ¡el SEO!

No me puse de novia ni me casé, les aclaro. No hay ningún señor con ese nombre ridículo, SEO, en mi vida, pero sí hay algo que se llama así y me está quitando el sueño.
Para los que saben menos que yo de marketing en internet y esas cosas, les cuento.
El SEO, dicho en criollo, es básicamente un conjunto de técnicas que hay que conocer y aplicar para posicionar un sitio en internet. Y posicionar un sitio en internet significa llevarlo a los primeros lugares en Google, ese que tiene un cuadrito donde ponemos nuestra consulta y él nos contesta con un montón de páginas donde podemos encontrar la información. ¿Vio que uno siempre ingresa en las primeras que aparecen? Bueno, justamente por eso hay que tratar de que nuestras páginas estén ahí, en los primeros lugares, y si es posible, en el primero: en internet, el que no está en los primeros lugares del Google no existe, no lo ve nadie, ni los parientes.
Ah, pero no es tan sencillo posicionarse… y ahí es donde aparece el villano de la película o el salvador de la chica, según cómo se lo mire: el SEO.
Que no es para cualquiera. Y menos para gente como uno, que la mayoría de las cosas que consigue hacer con la computadora es porque apretó un botón por intuición y le acertó de casualidad. Y que encima, no entiende un comino de inglés y mucho menos de código HTML, que es el idioma en que están escritas por dentro las páginas.
Porque le comento, para que se termine de horrorizar, que esto que usted está leyendo en castellano la computadora lo lee y lo procesa en otro idioma: el HTML. Y que en ese idioma hay que armar las páginas para que la computadora y papá Google las entiendan.
Si usted creía ingenuamente, como yo, que con escribir bonito en un blog alcanzaba para conseguir miles de lectores, lamento comunicarle que no, que no alcanza. Escribir mucho y bien es importante, sí, pero no alcanza. También hace falta el SEO, que le dirá qué colores utilizar, qué tipos de letra, cómo diagramar la página, qué palabras clave usar y dónde ponerlas, y otras cosas para las que hay que meter mano en el HTML. Algo que sólo sabe hacer un programador o un especialista en la materia, por lo que tarde o temprano habrá que contratar uno… o tomarse un año sabático para estudiar el tema con seriedad, haciendo cursos, por ejemplo.
Si uno tiene un blog sólo por el placer de escribir y no necesita promocionar nada, puede prescindir tranquilamente del SEO. Pero si necesita tener muchos lectores porque quiere emprender un negocio on line (en mi caso, vender mi libro o mis talleres de escritura) no le quedará más remedio que acudir a él, al SEO, para que lo ayude a posicionarse.
Y esto es sólo el principio. Porque junto con el SEO, deberá recibir con los brazos abiertos a un ejército de Aliens, perdón, de recursos: los programas para mandar mails de manera automática a una lista de contactos, las páginas de aterrizaje y las de captura (¡es casi una guerra!), las tiendas virtuales, los boletines, reportes y demás herramientas con las que debe contar todo emprendedor.
¿Adivinan quienes están poblando mis pesadillas desde hace unos cuantos meses? ¡Sí, todos ellos, con el SEO encapuchado a la cabeza! Los recursos caen sobre mí con sus instrucciones incomprensibles y con costos que van desde lo irrisorio (detalle que hace dudar de su calidad) hasta lo inalcanzable para mis flacos bolsillos. Y todos me gritan lo mismo: ¡Sin mí no existís, si mí no sos NADIE!
Y aquí estoy, comiendo a deshora, durmiendo cada vez menos y con la calavera en la mano, como Hamlet, preguntándome: ¿SEO, o no SEO? ¡Esa es la cuestión!

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Vaya esta humorada como agradecimiento a todos los que, generosamente, aportan gratis sus conocimientos sobre SEO y marketing en internet a través de blogs y boletines por mail.