Mi hombre ideal

Hace más de un año leí una nota de Ana Cecilia Vera sobre cómo reconocer a nuestra pareja ideal, en la que entendí por qué muchas veces no la encontramos: porque no tenemos claro qué queremos de la vida.
La mayoría de las mujeres vemos y vivimos el amor, o lo hemos hecho en algún momento, de una manera novelesca, ya se trate de una novelita rosa o de un melodrama como Lo que el viento se llevó, o Cumbres Borrascosas. Y mientras malgastamos tiempo y energías intentando domesticar al ingobernable, avivar al gil, convertir en superhéroe al pusilánime (o viceversa) o robarle el novio a la vecina, no vemos pasar, porque no estamos preparadas para verlo, al hombre ideal, ese que sería capaz de acunar nuestro corazón entre sus brazos y de hacernos sentir felices para siempre.
Cuando leí el artículo de Ana y me puse a pensar en mi propia vida amorosa, llegué a la conclusión de que me había limitado a dejarme llevar por el destino como si este fuera una fuerza sobrenatural a la que no podía oponerle ningún tipo de resistencia.
Les cuento. Siempre me gustó, por decirlo de alguna manera, el peor del grado. Donde había un muchachito despeinado, mal alumno, revoltoso y seductor, ahí caía la Fernández muerta de amor por el engendro, que la mayoría de las veces ni siquiera se enteró de mi existencia.
Hasta que llegó ÉL, el emperador de los atorrantes y de los rebeldes sin causa, que no sólo me vio (es un decir, era miope y no usaba anteojos) sino que ipso facto decidió seducirme, previo hacer una apuesta con sus amigos. Yo tenía 18 años recién estrenados, él también, y durante 25 años me tuvo a sus pies con un solo chasquido de sus dedos, pronta a cumplir sus deseos confesables o inconfesables y a disculpar hasta la última de sus tropelías.
Después del adiós final, y de haberme gastado la lengua de tanto lamerme las heridas, me prometí que hasta que no estuviera preparada para enamorarme de otro tipo de hombre… ¡no habría más hombres en mi vida!, promesa que vengo cumpliendo prolijamente desde hace seis años, más o menos.
No más hombres para mí hasta que no me guste otro tipo de hombre, eso fue lo que me dije. Pero en ningún momento me puse a pensar qué tipo de hombre sería el mejor para mí, así que, aprovechando las preguntas sugeridas por Ana para definir a nuestra pareja ideal, lo voy a hacer ahora mismo, en vivo y en directo, para regocijo o espanto de mis lectores:

1. ¿Cuáles son las características negativas que NO quieres en una pareja?

Mentiroso, vago (de vagancia), sucio, maleducado, agresivo, racista, fumador, alcohólico, jugador, amanerado, egocéntrico, adicto al trabajo, adicto a cualquier cosa, irresponsable, deshonesto, corrupto, mal ciudadano, cazador (de cazar, matar animales), tacaño, físicamente débil, psicológicamente débil, depresivo, pesimista, mala onda, quisquilloso, histérico, maníaco, ansioso, melancólico, huraño, inseguro, sexópata, bisexual, impotente, eyaculador precoz, gritón, mujeriego, solterón, amante de la velocidad, hipocondríaco, celoso, mafioso, narcotraficante, policía, ladrón, político, abogado, que le guste el heavy metal, que le guste el cuarteto, que sea de extrema izquierda o de extrema derecha, que sea ateo, que sea demasiado religioso, que sea hijo único y sostén de padres añosos, que tenga dentadura postiza, que sea lo bastante viejo como para ser mi papá, que sea lo bastante joven como para ser mi hijo.

2. ¿Cuáles son las características negativas tuyas que quieres erradicar en tu próxima relación de pareja?

Celosa, dependiente, sumisa, desconfiada.

¿Cuáles son las características positivas que quieres que tenga tu pareja?

Alegre, inteligente, trabajador, limpio, educado, tranquilo, generoso, buen ciudadano, responsable, honesto, idealista, optimista, físicamente fuerte y saludable, buen amante, psicológicamente estable, comunicativo, positivo, seguro de sí mismo, fiel, grandote pero no gordo, piel trigueña, alto, caballero, buen conversador, lector, que le guste cocinar, adinerado, culto pero no demasiado (los intelectuales suelen ser pedantes), altruista, que le guste la ecología, intelectualmente curioso, que le guste aprender cosas nuevas, que quiera incursionar en el sexo tántrico, entusiasta, que maneje despacio y sea prudente, hábil con el taladro, el destornillador y demás herramientas, hábil con el pico y la pala, que tenga conocimientos de albañilería, plomería y electricidad, que sepa hacer masajes descontracturantes, que tenga una casa rodante para llevarme de viaje por todo el país, que no ronque, que le gusten los animales, que me haga regalos útiles y pague mis cuentas, viudo o separado desde hace mucho, sin hijos o con hijos grandes, y en lo posible, huérfano. Y que no fume, no beba y no se drogue.

3. ¿Cuáles son las características positivas que te falta incorporar en tu persona que sumarían en tu próxima relación de pareja?

Ser más abierta para comunicar mis sentimientos, no encerrarme en el mutismo cuando me siento herida o molesta por algo esperando que el otro adivine qué me pasa. Mejorar mi estado físico para estar más ágil y flexible, así la propuesta deshonesta no me agarra desprevenida.

4. ¿Qué quiero de una relación de pareja?

Quiero una relación en la que me pueda sentir relajada, alegre y confiada, en la que se respeten mis espacios y tiempos personales y no me invadan ni me demanden demasiada atención, y en la que los dos seamos independientes y podamos cultivar nuestros propios intereses, aunque no los compartamos. Quiero apoyo moral y económico, porque a veces me canso de vivir al día. Quiero compartir experiencias físicas y emocionales enriquecedoras y saludables. Quiero enamorarme, entusiasmarme como una adolescente pero por alguien que valga la pena y me haga sentir feliz, y a quien yo haga sentir feliz. Quiero poder acostarme en invierno con un piyama grueso y un buen libro, y leer con la cabeza apoyada en un hombro masculino sin sentirme obligada a mostrarme sexy todo el tiempo.

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Posiblemente me han quedado cosas en el tintero, pero creo que con esto alcanza para esbozar a mi hombre ideal.
Y si de verdad la ley de atracción funciona, después de lanzar al universo semejante pedido lo menos que se me tiene que aparecer en la puerta es un minibus convertido en casa rodante del que descienda, con un queso gruyere entero en una mano y una notebook en la otra, ambos envueltos para regalo, un candidato con la pinta de Facundo Arana pero un poquitín más fornido, con el humor y la ternura de Robin Williams (el actor de Patch Adams, no el cantante), la solidez moral de Charles Ingalls, las habilidades culinarias de Carlos Arguiñano, el altruismo del Dr. Favaloro, el amor por los animales del Dr. Tracy de la serie Daktari, la inteligencia de mi papá, la fortaleza física y emocional de mi ex, y la billetera y la generosidad con sus mujeres de Franco Macri.
Con menos de eso, no me conformo.
Porque si he llegado a los cincuenta arreglando enchufes, cerraduras que se traban y canillas que pierden, hachando leña, cortando el pasto, pintando paredes, ganándome el pan mío y el balanceado de mis perras con el sudor de mi frente, y aquí estoy, viva, feliz y entera, y si aprendí a fuerza de caídas que hay zapatos que no sirven para caminar, puedo dar fe de que aquello de “más vale solo que mal acompañado” es muy, muy cierto.

PD: Ani Vera, te dedico este post con amor y humor…