Una anécdota del “Manual de instrucciones para Recién Separadas”

(de mi fanpage del Manual de instrucciones para Recién Separadas en Facebook)

Cuando estaba de novia con mi ex, hace más de treinta años, un día le prometí que le dedicaría mi primer libro. Por ese entonces, lo único que yo escribía era poesía y lejos estaba de sospechar que mi primer libro sería, oh carcajada del destino… ¡el Manual de instrucciones para Recién Separadas!, para el que el susodicho me había dado un montón de letra.
Pero como soy mujer de palabra, decidí cumplir mi promesa y dedicárselo igual. Y esto es lo que se puede leer en la primera página de la primera edición:

Dedico el “primogénito” a Carlos, mi ex, porque si estuviéramos juntos yo jamás habría escrito este libro. Ni este ni ninguno, en realidad, porque la convivencia requiere mucho tiempo y muchas energías, dos cosas que aún no aprendí a administrar. O tengo un marido, o escribo. Y él, que todo lo sabe, vislumbró en mí a la artista, escuchó ecos lejanos que llevaban mi nombre camino a la gloria, presintió la riqueza y la fama llamando a mi puerta, y hasta soñó una vez que aplaudía, sentado en primera fila, mientras yo recibía el premio Pulitzer. Todo eso lo indujo a apartarse de mí; temía no estar a la altura de los acontecimientos futuros. Por si esto fuera poco, se le apareció un ángel que le dijo: “Deja a esa mujer cumplir con su destino, renuncia noblemente a estar con ella y búscate otra que no escriba pero limpie, sea más ambiciosa, le guste el jolgorio, no se meta en tus cosas, no revise tus bolsillos y no sea asmática. Y tenga la cola parada.” Él, ateo confeso, cayendo de rodillas se convirtió ahí nomás, rasgó sus vestiduras, rezó en cinco idiomas y le hizo caso al ángel. Y acá estamos, cada uno por su lado.
Les cuento que quedé como una reina: mi ex andaba con el libro en el bolsillo mostrándoselo a todo el mundo. Y por si fuera poco, darme cuenta de que yo era lo bastante inteligente como para reírme de mí misma y haber escrito ese libro, y esa dedicatoria, me levantó muchísimo la autoestima.
Esto es para que vean, queridas RS, que el humor es salud y que nos podemos reír hasta de aquellas cosas que en su momento nos hicieron llorar a mares.