Un libro para mujeres que deberían leer los hombres

Carlos me dejó un comentario muy atinado: que a mi libro, Manual de instrucciones para recién separadas, deberían leerlo los hombres. De hecho, les cuento que algunos lo hicieron (entre ellos mi ex, que fue mi primer fan) y se llevaron una sorpresa: no los considero el malo de la película, y cuando es necesario, hasta los defiendo.
Gracias a la costumbre poco saludable de buscar las culpas siempre afuera, cuando uno se separa tiende a demonizar al sexo opuesto en su conjunto: “los hombres” son TODOS unos hijos de puta, “las mujeres” son TODAS unas histéricas… ¿Quién no lo dijo, o lo escuchó decir, alguna vez?
Pero cuando se nos pasa la calentura inicial, deberíamos darnos cuenta de que es mentira eso de que “para muestra basta un botón”. Para mostrar lo que es un botón, puede ser… pero hay botones de plástico, de madera, de cerámica, de carey, redondos, cuadrados, y de gran variedad de colores, con lo que la muestra nos sirve sólo para encontrar uno igual, y nada más que para eso. Lo mismo pasa con los hombres y mujeres: gracias a Dios, no somos todos iguales.
Por cada desgraciado que nos metió los cuernos, puede haber un hombre fiel (o en su defecto, lo bastante discreto como para que no nos demos cuenta).
Por cada tirano que nos hacía planchar hasta las medias y nos exigía que tuviéramos la casa impecable, puede haber un compañero decidido a compartir con alegría las tareas del hogar.
Por cada desalmado que no se compadecía ni cuando nos veía caminar en cuatro patas de dolor o cansancio, puede haber un protector que nos lleve el desayuno a la cama, nos acomode las almohadas y nos haga masajes en los pies.
Por cada energúmeno que se agarraba a trompadas en todas las esquinas puede haber un caballero educado y cortés, amante de la paz y del consenso.
Puede haber. Las mujeres que han encontrado uno dan fe de que hay hombres así, de exposición, de esos para poner de adorno en la vitrina y mostrárselo orgullosa a las amigas.
Y es por eso, porque sé que hay hombres buenos, que al escribir ni libro elegí centrarme con humor en los problemas y dolores de las RS pero sin echar leña al fuego, sin malquistarla con los hombres y sin cargar las tintas sobre los defectos masculinos. Me pareció lo más saludable, porque en definitiva a lo que yo apunto es a que la mujer, entre sonrisas y carcajadas, haga una introspección y pueda descubrir qué le pasó, y por qué, y cómo puede hacer para superarlo.
Y es por eso que a mi libro deberían leerlo también los hombres: para entender mejor lo que nos pasa a las mujeres. No lo que nos inspiran ellos, sino lo que nos pasa a nosotras por dentro, con nosotras mismas, cuando nos separamos.