El novio de la nena


Tarde o temprano, las hijas consiguen un novio. La reacción de las madres es bastante previsible: la mayoría adoptamos al susodicho y lo tratamos como un hijo más, y esto incluye pedirle que saque la basura, retarlo si entra con los pies sucios, intentar cortarle las rastas y mandarlo a bañarse cuando huele mal. Nuestro instinto maternal nos lleva a eso, a tener otro pollo bajo el ala y a no hacer diferencia entre propios y entenados.

Pero los padres… son insufribles. Sea que una los tenga que aguantar como hija o como esposa, “el padre de la novia” es todo un lastre: hasta el galán más dicharachero se convierte, ante el hecho consumado del noviazgo de su hija, en un ente primitivo que habla entre dientes, masculla insultos velados y descarga su impotencia contra quien, de ahí en más, será la causa fundacional de su desazón: la madre que parió a la nena.

Y como no es cuestión de oponerse porque sí, ni de parecer arcaico, un padre que se precie debe tener a mano unas cuantas frases sabias, profundas y categóricas con las que defender su posición. Y esas frases suelen ser:

1) “Ese tipo no me gusta”: Tenga la edad que tenga la nena y sea cual sea el estado de su carrocería física y mental, el pretendiente siempre será demasiado: demasiado alto, demasiado bajo, demasiado blanco, demasiado negro, demasiado vago, demasiado pobre, demasiado caradura, demasiado tímido… Cuando más atorrante haya sido papá, más “demasiado” será el candidato. ¡Y ni que hablar si papá fue picaflor! Imaginarse a SU nena con cuernos lo desquiciará, y verá en cada hombre que se le arrime a un Casanova insaciable. Esta regla se cumple en el 95 % de los casos, si el padre de la novia es un argentino estándar clase media, de cuarentón para arriba y con ancestros españoles, italianos, turcos, árabes o judíos. Saque cuentas, y dígame cuántos varones argentinos se salvan.

2) “No es para vos”: Claro, habría que responderle, nadie es como los demás porque todos somos únicos. Pero a esta altura de los acontecimientos, el padre de la novia no está para meterse en honduras filosóficas porque lo que él quiere decir es que ese tipo no es TAN inteligente como la nena, ni tan simpático, ni tan saludable, ni tan nada. Que no le llega ni a los talones, en buen criollo. Claro que habrá otros padres bienintencionados que al decir “no es para vos” se referirán a diferencias de fondo, de las que hacen difícil o imposible la convivencia, pero serán los menos. Para la mayoría, el aspirante a yerno es una especie de cucaracha que pretende la mano de su princesa, y se lo harán notar cada vez que puedan.

3) “Ni se te ocurra dejar la facultad”: en su desesperación, un buen padre apela a todo. La facu, en este caso, más pareciera un método anticonceptivo que otra cosa, a juzgar por la vehemencia con que papá se apoya en esta frase para poner palos en la rueda. El supone (y no está muy errado, acá entre nos) que a más horas de estudio menos horas de sexo, y empeñará hasta la camiseta para pagarle a la nena un doctorado en Harvard y todos los cursos y congresos a los que quiera asistir. De rebote, con esto se refuerza el “no es para vos”, así que mata dos pájaros de un solo tiro: mientras más se cultive la nena, más se alejará física e intelectualmente del novio. Y si la nena no va a la facultad, papá le pedirá que no deje el voley, o el ajedrez, o la danza, o cualquier cosa que la mantenga ocupada y le aplaque las hormonas.

4) “Yo en la vida de mi hija no me meto, por mí que haga lo que quiera”: Nada peor que un padre para hacerse el superado. El no se mete, que quede claro. Y como no se mete, no saluda al pretendiente, no le abre la puerta, no le convida ni un vaso de agua, y cuando lo tiene cerca lo ignora olímpicamente. A la nena no le dice una palabra, ni a favor ni en contra, o a lo sumo le tira insinuaciones veladas. Ella que haga lo que quiera. Pero a la madre la vuelve loca con sus comentarios machacones sobre los pelos, los modales, la dentadura o cualquier otra cosa que se le pueda criticar al novio. Y con preguntas del tipo ¿Vos no pensás hacer nada? ¿A qué hora viene? ¿Dónde fue? ¿Le enseñaste como tiene que cuidarse? Claro que también hay padres que, sin meterse en la vida de su hija, hacen comentarios impersonales sobre “la gente que tiene trabajos de cuarta”, “la gente que no tiene título”, “la gente mal vestida”, “la gente que pretende vivir del arte”, “la gente” que, curiosamente, tiene las mismas características que el fulano en cuestión. Pura casualidad que él hable de “esa gente” justo ahora…

5) “Lo único que quiero es que mi hija sea feliz…” a MI manera, debería agregar. Esto es realmente complicado porque hay tantas maneras como padres. La manera de algunos será el contigo pan y cebolla, la de otros será la pizza con champagne, en fin, que el padre quiere para la nena alguien con sus mismas virtudes (o las que él cree que son virtudes) pero en el colmo de la incoherencia, no le perdonará al candidato que tenga ninguno de sus defectos. Algunos, en el afán de probar al pobre diablo, le propondrán correr una picada, calzarse los guantes y subirse a un ring, domar un potro, tirarse de cabeza del paredón de un dique, saltar en paracaídas… con el secreto y perverso afán de que se quiebre el cuello y se deje de joder. Otros le propondrán asaltar juntos un banco, o hacer saltar la banca de un casino, o salir de juerga. La eterna competencia masculina puede significar, en el duelo novio – padre, un pasaporte seguro a la infelicidad de alguno de los contendientes, porque el que pierda, seguro no se lo banca. La nena, en tanto, se verá tironeada entre dos amores, con lo cual será feliz, inmensamente feliz, tal como quiere papá.

Y así anda por la vida el padre de la novia: carcomido por los celos, ciego de amor por esa mujercita que creció rápido, que mira a otro tan embobada como antes lo miraba a él, que se le escapa de las manos y que, encima, en cualquier momento lo hace abuelo. Si hasta me parece oír su última frase, la más ridícula de todas, y la más desesperada: ¡Que lo parió, al coso ese, el apellido de miércole que van a tener mis nietos!