¿Qué debería hacer un corrector literario?

¿Alguna vez, lector, autor, te has puesto a pensar en cómo, por qué, para qué, se corrigen los libros?

Corregir un libro no es para cualquiera, no tanto por los conocimientos necesarios para hacerlo, que se pueden conseguir estudiando gramática, sintaxis, ortografía y demás, sino por la paciencia y tiempo que se necesitan para pulir un texto.

Hay quienes piensan que los diplomas son garantía de conocimientos. Craso error: no todos los licenciados en Letras, los profesores de Literatura o los maestros escriben bien; es más, hay muchos que escriben pésimo. No todos los correctores diplomados tienen la sensibilidad necesaria para conseguir que un texto ajeno diga lo que el autor -no el corrector- quiere decir.es hace corrector literario

Respeto profundamente a quienes han estudiado una carrera universitaria. Pero a veces con eso no alcanza; si no tienes “piel” con las palabras, si no te llega su música, el conocimiento académico no te servirá de mucho, y hasta es posible que si te apegas demasiado a él termines convirtiéndote en alguien dogmático e inflexible.

Un corrector no debería ser nunca un inquisidor, alguien que dictamina sin discusión posible lo que está bien y lo que está mal. Hay textos muy bien escritos, en los que se respetan todas las normas habidas y por haber de gramática y sintaxis pero que no dicen nada, no producen ninguna emoción. Y hay otros que, incluso con errores, nos movilizan, nos inquietan, nos asombran, nos conmueven. El texto debe tener vida… ¡y qué mejor señal de vida que una pequeña imperfección de vez en cuando! Nadie notará la falta de una coma, dos o tres adjetivos de más o un gerundio incorrecto si la historia lo atrapa.
La prueba está en que autores como Roberto Artl, de quien se llegó a decir que escribía mal, han sabido ganarse el respeto y cariño de sus lectores.

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