Mi primer libro y su crisis de identidad (la del libro)


Si digo que me expongo en lo que escribo, cualquiera podría pensar que mi primer libro, el Manual de Instrucciones para Recién Separadas, es un relato pormenorizado de mi propia experiencia en la materia. Nones. Primero, porque no soy Susana Giménez; segundo, porque no hay nada escandaloso que contar, y tercero y principal, porque aunque lo hubiera no lo contaría.

Ahora bien, no se imaginan lo que me costó tratar de que la gente entendiera que ese libro era obra de una escritora, y no de una histérica que había salido a contar sus intimidades. Cualquiera que lo lea podrá ver que es un libro en serio, escrito con un método, y que hay en él un buen trabajo de redacción, modestia aparte. Cualquiera que lo lea, claro. El problema fue que, sin haberlo leído, algunos supusieron que era un engendro fruto del revanchismo y la frustración, y tuve que andar explicando que no era así, que yo había escrito una sátira a los manuales de autoayuda, un libro de humor. Con lo cual seguía embarrando la cancha, porque para algunas gentes agrias el humor, como género literario, no existe.

El problema no terminó ahí. Yo pretendía venderlo como libro de humor, y en las librerías me lo ponían en el estante de autoayuda. Y no estaban errados: con el tiempo, y con las opiniones de las lectoras, descubrí que pese a mí misma había escrito un buen libro de autoayuda; el humor es una herramienta fenomenal para hacernos ver hasta lo que nos hace daño, lo que queremos ocultarnos a nosotros mismos. Pero en ese momento, cuando salió el libro, yo quería ser comparada con Cristina Wargon y no con los cientos de autores de libros de autoayuda de mala muerte que andan por ahí, con los que los libreros me obligaban a compartir espacio.

El Manual no fue best seller ni mucho menos, pero me dio muchas satisfacciones. Y me las sigue dando, porque cada tanto alguien lo descubre y lo disfruta y se preocupa por hacerme llegar su opinión. Todavía no se terminó de vender la primera edición, por lo que estoy considerando hacer una venta de garage con el remanente para ver si podemos relanzarlo con otra tapa, una buena presentación, algo de prensa, en fin, todas las cosas que ahora puedo conseguir y que cuando salió no tuve… porque no me conocían ni los perros, y yo no conocía a nadie del ambiente que me diera una mano.

Y ya que estoy, me animo y hago un llamado a la solidaridad, total… (JT me mata cuando lea esto, no importa):

Se necesitan 100 compradores para agotar stock del MANUAL DE INSTRUCCIONES PARA RECIÉN SEPARADAS, un libro de humor único en su género, imprescindible, ideal para regarlarle a las tías agretas, a la percanta que me amuraste, a la superada de Maitena, a la madre, la suegra, la hija, la prima o a cuanta mujer se nos ocurra, porque todas fueron, son o serán Recién Separadas al menos una vez en su vida.

Los interesados que residan en Córdoba pueden patalear en alguna librería hasta que se lo consigan (si se resisten, exijan que lo pidan a Ediciones del Boulevard). O escribirme a mí, grafer001@yahoo.com.ar . Los que no vivan en Córdoba, me escriben igual y vemos como hacemos.

No hago ninguna promo porque está a buen precio. Podría ofrecer un plus para los varones que lo compren, algo así como una noche de lujuria con la autora, pero mi idea de la lujuria, hoy por hoy, está más cerca de comerme un kilo de helado que de bailar la danza de los siete velos así que mejor no, pobres, se van a aburrir.

Aquí va de regalo la introducción, para que vean de qué se trata:

INTRODUCCION
I) Que es ser RECIEN SEPARADA?
II) Cómo nació éste libro.
Cuando hablo de RECIEN SEPARADA no pienso solamente en las casadas con libreta, que se creyeron eso de que “hasta que la muerte los separe” con una inocencia tirando a retraso mental.
Me refiero, respetuosamente, a toda mujer que ha estado varios años con un hombre y que lo amó, lo soportó y lo acompañó en buenas y malas, en la salud y en la enfermedad, y en todo lo que dicen los curas y los jueces cuando casan a la gente. Sin hacer diferencia entre esposa legal, novia eterna, amante escondida, la otra o señora de hecho y sin papeles; porque creo que el dolor frente a una separación es casi el mismo. Puede que tenga hijos con ese hombre, o no. Que hayan vivido bajo el mismo techo, o no. Que se hayan amado locamente, o no. Basta que una se sienta RECIEN SEPARADA para serlo, lo demás son agravantes o atenuantes.
Ser RECIEN SEPARADA es, entonces, ni más ni menos que un estado de ánimo. Puede durar una semana, un mes, un año o toda la vida, depende del tiempo que una necesite para tomar conciencia de que ese señor ya no es su pareja, ni volverá a serlo jamás. Y que se las tendrá que arreglar como pueda hasta que se consiga otro, o hasta que deje de amarlo, o hasta que él se muera y así una no pueda seguir fantaseando con la idea de la reconciliación. O hasta que el buen hombre se case con otra y se deje de embromar tratando de reconciliarse, que los hay.
Pero así dure una semana o toda la vida, ser RECIEN SEPARADA (R.S. para abreviar, de ahora en más. Erre Ese) es duro. Es morder el polvo de la derrota, masticarlo y tragarlo. Es sentirse como un toro lleno de banderillas, como una vaca en el matadero, como una huerfanita pidiendo limosna, como una estúpida, como un bicho bolita. Es sentir TODOS los dedos de TODA la gente del mundo apuntando hacia una, y sus murmullos de mil decibeles en estéreo sobre nuestros cuernos, nuestros defectos o nuestra sufrida dignidad para seguir manteniendo la cabeza en alto.
Es soportar la mirada burlona de las otras mujeres que AÚN no se han separado; esa mirada altiva, despectiva, impiadosa e insoportablemente sobradora. Es soportar también la cara de espanto (o alivio) de nuestros viejos; y las palmadas cómplices de algunas separadas que nos dan la efusiva bienvenida a la logia, a la cofradía, a la hermandad de las Carmelitas Con Zapatos pero SIN MARIDO. Una se siente mal, muy mal.
Entonces tal vez recurre a un psicólogo, quien en lugar de hacerla sentir bien ya, ahora (eso es lo que una busca, ¿no?) prefiere hurgar en su inconsciente; y hurga, escarba, hasta que desentierra una punta de traumas que usted ni sospechaba. Se entera así de que inconscientemente quisiera asesinar a sus hijos, violar a su papá y castrar al marido de su mejor amiga. Y como no se anima, sublima todo eso tan horrible y se vuelve estreñida, o asmática, o le salen esas manchas tipo lepra virulenta. Al descubrir todo esto usted huye espantada.
¿Y dónde va después? Tal vez se va a hablar con un cura, que no sabe lo que es estar separado porque se supone que son castos y célibes. Y que puede ayudarla mal y poco, en consecuencia. O corre a tirarse las cartas, creyendo que con un poquito de magia negra, un calzoncillo viejo y unos pelos del pubis de su ex todo va a andar mejor. El calzoncillo no sería problema, seguro que él alguno se olvidó. Pero según la bruja sin los pelos del pubis no hay tutía. Busque, busque. Si con la excusa de la depresión no limpia desde que él se fue, tal vez alguno encuentre. En los pies de la cama, ahí, entre la tierrita…y si él durmió desnudo hasta el último día, por supuesto.
Mientras intenta algo de lo anterior seguro que se va a la peluquería, al cine, a caminar, o a perseguirlo a ÉL, a ver que hace. La desesperación da para todo.
Supongamos que sale a caminar, que es sano y gratis. Pasa entonces frente a una librería y ve allí, en la vidriera, un montón de manuales de autoayuda, autosuperación, autosugestión, o autodestrucción, como sea que se llamen. Todos escritos por norteamericanas, españolas, francesas o alemanas, que se las saben al derecho y al revés. Son buenísimos, si, pero creo que imposibles de llevar a la práctica para una R.S. argentina, o sea subdesarrollada y tirando a pobre como somos casi todas las nativas de este absurdo y amado país.
Y acá le cuento como nació mi libro. (¡Ja, porque te colgaron la galleta! dirá usted, que piensa con las dos últimas neuronas que aún le funcionan. Porque la depre post-sepa-ración es como que a algunas les daña el cerebro, ¿vio señora? No sea ordinaria, no interrumpa a la gente que sabe. Y saque el dedo de la llaga, ¿quiere? Bien, prosigo.) Mirando una vidriera, viendo esa verdadera invasión de manuales de auto-ayuda, me dije para mí: ¿Por qué los de afuera se las saben todas?
¿Por qué esa especie de cholulismo literario congénito que nos hace creer que los extranjeros son más evolucionados, más inteligentes que nosotros? ¿Por qué no buscar soluciones autóctonas para nuestros conflictos y rayes autóctonos? ¿Por qué no algo menos académico, menos psicológico, menos científico pero más humano, algo así como un libro con pantuflas, no para leer sentado en la sala tipo lord inglés, sino entre mate y mate en la cocina? Fue entonces que pensé en escribir un libro nuestro, mío, argentino, con defectos y virtudes nacionales, como Gardel, Sarmiento, Charly, Evita y el malambo, como el dulce de leche, el locro y el puchero. Vade retro, foráneos, Go Home. Pretendieron invadirnos con sus libros geniales, con sus consejos, con su penetración cultural. Pero no contaban conmigo, y ahora todo ha cambiado. Mi sufrida R.S., tiene usted al alcance de su mano este pequeño, este humilde libro, escrito por una mujer tan argentina como usted, tan recién separada como usted, y tan subdesarrollada y tirando a pobre como usted. Por alguien que es como su alma gemela.
Entréguese ya mismo a su lectura y verá que su vida cambiará. Encontrará sentido a su opaca existencia, a su paso intrascendente por el mundo, a su devenir sin futuro y sin pareja, a su soledad negra y agobiante. Será una mujer NUEVA. La mejor.
En resumen. mi amiga: déjese de joder, ríase un rato y piense un poco, que ya lloró bastante. La espero en el epílogo, que será el broche de oro de su reconstrucción moral y espiritual. Respire hondo, aflójese la ropa, y aunque no tenga muchas ganas…Lea. Piense. Medite. Pero por sobre todo permítase tomarse las cosas con humor, porque el humor y la alegría también son algo serio.
(Fin de la Introducción)